Resurrección
03/12/2011
“Levántate y marca”. Podrían ser las palabras mesiánicas que resonaron en la mente colectiva de los jugadores del Sanpa en su épica reacción del pasado sábado contra la Pastrana de Horta. El conjunto verdiamarillo estaba, metafóricamente hablando, en la UVI, en jaque mate, sentenciado y ejecutado, hundido como en Titanic. Y sin embargo, resurgió de sus cenizas como un Ave Fénix para igualar en diez minutos de vértigo y frenesí un partido que tenía prácticamente perdido. Rebelándose contra su destino, recuperando el rumbo a golpe de timón, luchando contra los síntomas de debilidad y flaqueza: una única entidad colectiva que recuerda quién es y de dónde viene. Y, tras una larga y angustiosa espera, que supo adónde tenía que ir.
La heroica remontada del Sanpa, que en el minuto 80 caía derrotado por 0-3 en otro infausto partido dónde cada golpe que recibió fue demoledor, es un nuevo ejemplo del poder de la fe y la confianza reaparecidas cuando todo parecía perdido. Una demostración más de “quién quiere, puede”, un nuevo episodio de cómo la perseverancia y la resistencia espartana puede acabar teniendo sus frutos si no se pierde la esperanza. Lo cierto es que el resultado volvía a recordar, una vez más, esa lección de excesivo castigo que se recibe inmisericorde cuando un conjunto juega demasiado inquieto y temeroso de que le puede ocurrir lo que al final acaba ocurriendo. La Pastrana apenas hizo un solo disparo a puerta (goles aparte) en toda la primera parte y, aún así, se marchó con dos goles de ventaja al descanso, fruto de su gran espíritu competitivo y valiente. Y su único disparo entre los tres palos en el segundo tiempo, acabó en gol. Los espíritus de la suerte parecían estar sonriendo solo en una dirección. Pero, como ya se ha dicho otras veces, ¿para qué confiar en la suerte cuando tienes lo que hay que tener para no depender exclusivamente de ella?
Más allá del homérico desenlace para el Sanpa, lo cierto es que los primeros 45 minutos resultaron nefastos para el conjunto local. Impreciso, inoperante, fallón, el equipo verdiamarillo parecía preso de la ansiedad, como atenazado por la necesidad de un resultado favorable pero ofuscado por la falta de gol. Se pudieron ver excesivos nervios en defensa, con algo de inseguridad en los despejes y demasiado pelotazo hacia arriba, dónde Luis ejercía de “Llanero Solitario”. Un buen ejemplo de la falta de construcción fue ver a Carrillo moverse de un lado a otro del campo, con muy poca incidencia en el juego y aún menos participación. Jose y Joan solo recibían pases largos inalcanzables o cortos sin con espacio. Y eso desencadenó casi un partido de frontón: balonazo para un lado y retorno para el otro. Un aburrimiento constante, un grito al 0-0 del que se acabó beneficiando el equipo visitante que, sin comerlo ni beberlo, sin haber pisado prácticamente el área del Muralla, se adelantaría en el marcador.
Un estúpido penalti a los 20 minutos de juego surgió para romper el tedio: Úbeda intenta despejar el balón en el lado derecho del área y se lleva el pie del atacante por delante. Una acción innecesaria, ya que Rafi y él había tapado la posibilidad de centro, pero aquello dejó constancia de lo excesivamente acelerados que iban los jugadores al no salirles las cosas. La ejecución fue impecable y la Pastrana se ponía por delante sin haber ocasionado aún ninguna ocasión de gol.
Y si el cielo ya se había oscurecido para el equipo de Sant Joan Despí, cinco minutos después se volvió negro. Nuevo error defensivo y nuevo gol. Sergi, que haría una segunda parte portentosa, se mostró algo inseguro a la hora de despejar un balón y, poco antes de la línea de fondo, un atacante le roba la “cartera” para levantar sobre la salida de Muralla y ver cómo otro delantero solo tiene que empujar el esférico a la red con la portería vacía. 0-2. Momentos de impotencia para el Sanpa. Mucha impotencia.
Los minutos restantes para el descanso no aportaron prácticamente nada. La Pastrana se dedicó a gestionar la ventaja y el San Pancracio no veía portería. En ese desierto, Albert fue el único que mostró algo de desequilibrio y verticalidad por banda izquierda, provocando varios saques de esquina que fueron lo más inquietante que generó el equipo durante el primer tiempo. El escenario era poco alentador.
Los primeros síntomas de recuperación no se verían hasta después del descanso. Un gol rápido podía meter a los locales en el partido pero, de nuevo, la fortuna y/o el acierto del portero visitante estaban allí para impedirlo. A los 5 minutos de la reanudación, el arquero barcelonés hizo alarde de reflejos para sacar una mano prodigiosa a un espléndido cabezazo de Luis a un centro desde la derecha. Y poco después, voló hacia su palo izquierdo para sacar otra mano salvadora y evitar lo que hubiera sido un golazo de falta de Rafi.
Fueron momentos de echar toda la carne en el asador. Chus movió banquillo: sacó al júnior Lluis Tort por Joan y a Óscar por Milton (físicamente poderoso, tácticamente algo perdido). E hizo otro cambio, en sustitución de Jose, que suponía el resplandor en la oscuridad de los aficionados sanperos: el retorno de Marc. Y como marcan los cánones por estas tierras del Llobregat, tardaría poco en intervenir: saque rápido de Luis y el joven Teruel se las vio por primera vez con el portero, que sacó con los pies el disparo al borde del área.
Por desgracia para los locales, por esas cosas que (dicen que) hacen emocionante el fútbol, quién marcaría en aquellos momentos de agobio fue la Pastrana. Y el gol llegaría de la manera más sorprendente: un balón muerto en la línea de ¾ y cañonazo antes que bote de nuevo que sorprende a Muralla por alto. Minuto 65. No por la injusticia del marcador habría que dejar que reconocer tal obra de arte. 0-3 y el encuentro parecía listo para la sentencia.
Aunque los tres puntos estuvieran iniciando el vuelo hacia Horta, los chicos del Sanpa siguieron
intentándolo, buscando ese gol que devolviera el ánimo y la confianza tras tres partidos (Santa Eulalia, Unif.Prat y Levante) en el dique seco. Con esa intención, Marc volvería a avisar con un disparo al poste en el minuto 79 tras un libre directo. El cántaro tenía que romperse, estaba ya harto de ir a la fuente. Era cuestión de tiempo, aunque éste fuera menguando cada vez más.
Al final, el cántaro se rompió. Sería Albert quién, en el minuto 82, recortara distancias y comenzara a mostrar un poco de luz en medio de tanta oscuridad. Recepción por banda izquierda, recorte y gol bajo las piernas del guardameta visitante. La llama de la esperanza comenzaba a brotar. Tanto, que la llama paso de almenara a almenara cuando cuatro minutos más tarde, Marc mete un pase interior hacia el lateral izquierdo del área para Albert, que supera al portero en su salida y su disparo corto queda botando para que Carrillo reduzca a la mínima expresión el marcador y estableciera el 2-3. Tras 420 minutos sin marcar un gol, el Sanpa había marcado dos en cinco minutos. Un grito y una llamada a la epopeya heroica sanpera. Y, además, con Paco en el campo (había entrado en el minuto 80 por Sergi).
Y como toda leyenda necesita sus héroes, todos quisieron tener su papel y la gloria pareció quedar reservada para los protagonistas más inesperados. En el último minuto, tras un libre directo sacado espléndidamente por Ramon al área pequeña, aparece Óscar penetrando en las “líneas enemigas”, se eleva en suspensión, se adelanta al portero y cabecea de espaldas a la red para establecer el 3-3. Increíble. Una remontada espectacular.
En el descuento, aún estuvo el Sanpa de darle la vuelta al marcador, en lo que hubiera sido una hazaña memorable digna de competición europea (la pasada semana, en la Europa League, el Brujas belga remontó un 3-0 en los 15 minutos finales ante el Maribor Branik esloveno y ganó 3-4). Dos
intervenciones decisivas del portero visitante a dos disparos de Marc sirvieron al conjunto barcelonés para retener un punto (el primero que obtiene a domicilio) cuando había tenido los tres en el bolsillo hasta los últimos minutos del partido. No encontraba explicación. De hecho, nadie podría encontrarla.
Con este resultado obtenido en unos diez minutos de locura, la UD San Pancracio rompe una calamitosa racha de cinco derrotas consecutivas y, curiosamente, se mantiene en la 13ª plaza con 13 puntos. Algo irrelevante, teniendo en cuenta que la mala suerte hay que vencerla con algo que tampoco se puede explicar.
03/12/2011
“Levántate y marca”. Podrían ser las palabras mesiánicas que resonaron en la mente colectiva de los jugadores del Sanpa en su épica reacción del pasado sábado contra la Pastrana de Horta. El conjunto verdiamarillo estaba, metafóricamente hablando, en la UVI, en jaque mate, sentenciado y ejecutado, hundido como en Titanic. Y sin embargo, resurgió de sus cenizas como un Ave Fénix para igualar en diez minutos de vértigo y frenesí un partido que tenía prácticamente perdido. Rebelándose contra su destino, recuperando el rumbo a golpe de timón, luchando contra los síntomas de debilidad y flaqueza: una única entidad colectiva que recuerda quién es y de dónde viene. Y, tras una larga y angustiosa espera, que supo adónde tenía que ir.
La heroica remontada del Sanpa, que en el minuto 80 caía derrotado por 0-3 en otro infausto partido dónde cada golpe que recibió fue demoledor, es un nuevo ejemplo del poder de la fe y la confianza reaparecidas cuando todo parecía perdido. Una demostración más de “quién quiere, puede”, un nuevo episodio de cómo la perseverancia y la resistencia espartana puede acabar teniendo sus frutos si no se pierde la esperanza. Lo cierto es que el resultado volvía a recordar, una vez más, esa lección de excesivo castigo que se recibe inmisericorde cuando un conjunto juega demasiado inquieto y temeroso de que le puede ocurrir lo que al final acaba ocurriendo. La Pastrana apenas hizo un solo disparo a puerta (goles aparte) en toda la primera parte y, aún así, se marchó con dos goles de ventaja al descanso, fruto de su gran espíritu competitivo y valiente. Y su único disparo entre los tres palos en el segundo tiempo, acabó en gol. Los espíritus de la suerte parecían estar sonriendo solo en una dirección. Pero, como ya se ha dicho otras veces, ¿para qué confiar en la suerte cuando tienes lo que hay que tener para no depender exclusivamente de ella?
Más allá del homérico desenlace para el Sanpa, lo cierto es que los primeros 45 minutos resultaron nefastos para el conjunto local. Impreciso, inoperante, fallón, el equipo verdiamarillo parecía preso de la ansiedad, como atenazado por la necesidad de un resultado favorable pero ofuscado por la falta de gol. Se pudieron ver excesivos nervios en defensa, con algo de inseguridad en los despejes y demasiado pelotazo hacia arriba, dónde Luis ejercía de “Llanero Solitario”. Un buen ejemplo de la falta de construcción fue ver a Carrillo moverse de un lado a otro del campo, con muy poca incidencia en el juego y aún menos participación. Jose y Joan solo recibían pases largos inalcanzables o cortos sin con espacio. Y eso desencadenó casi un partido de frontón: balonazo para un lado y retorno para el otro. Un aburrimiento constante, un grito al 0-0 del que se acabó beneficiando el equipo visitante que, sin comerlo ni beberlo, sin haber pisado prácticamente el área del Muralla, se adelantaría en el marcador.
Un estúpido penalti a los 20 minutos de juego surgió para romper el tedio: Úbeda intenta despejar el balón en el lado derecho del área y se lleva el pie del atacante por delante. Una acción innecesaria, ya que Rafi y él había tapado la posibilidad de centro, pero aquello dejó constancia de lo excesivamente acelerados que iban los jugadores al no salirles las cosas. La ejecución fue impecable y la Pastrana se ponía por delante sin haber ocasionado aún ninguna ocasión de gol.Y si el cielo ya se había oscurecido para el equipo de Sant Joan Despí, cinco minutos después se volvió negro. Nuevo error defensivo y nuevo gol. Sergi, que haría una segunda parte portentosa, se mostró algo inseguro a la hora de despejar un balón y, poco antes de la línea de fondo, un atacante le roba la “cartera” para levantar sobre la salida de Muralla y ver cómo otro delantero solo tiene que empujar el esférico a la red con la portería vacía. 0-2. Momentos de impotencia para el Sanpa. Mucha impotencia.
Los minutos restantes para el descanso no aportaron prácticamente nada. La Pastrana se dedicó a gestionar la ventaja y el San Pancracio no veía portería. En ese desierto, Albert fue el único que mostró algo de desequilibrio y verticalidad por banda izquierda, provocando varios saques de esquina que fueron lo más inquietante que generó el equipo durante el primer tiempo. El escenario era poco alentador.
Los primeros síntomas de recuperación no se verían hasta después del descanso. Un gol rápido podía meter a los locales en el partido pero, de nuevo, la fortuna y/o el acierto del portero visitante estaban allí para impedirlo. A los 5 minutos de la reanudación, el arquero barcelonés hizo alarde de reflejos para sacar una mano prodigiosa a un espléndido cabezazo de Luis a un centro desde la derecha. Y poco después, voló hacia su palo izquierdo para sacar otra mano salvadora y evitar lo que hubiera sido un golazo de falta de Rafi.
Fueron momentos de echar toda la carne en el asador. Chus movió banquillo: sacó al júnior Lluis Tort por Joan y a Óscar por Milton (físicamente poderoso, tácticamente algo perdido). E hizo otro cambio, en sustitución de Jose, que suponía el resplandor en la oscuridad de los aficionados sanperos: el retorno de Marc. Y como marcan los cánones por estas tierras del Llobregat, tardaría poco en intervenir: saque rápido de Luis y el joven Teruel se las vio por primera vez con el portero, que sacó con los pies el disparo al borde del área.
Por desgracia para los locales, por esas cosas que (dicen que) hacen emocionante el fútbol, quién marcaría en aquellos momentos de agobio fue la Pastrana. Y el gol llegaría de la manera más sorprendente: un balón muerto en la línea de ¾ y cañonazo antes que bote de nuevo que sorprende a Muralla por alto. Minuto 65. No por la injusticia del marcador habría que dejar que reconocer tal obra de arte. 0-3 y el encuentro parecía listo para la sentencia.
Aunque los tres puntos estuvieran iniciando el vuelo hacia Horta, los chicos del Sanpa siguieronintentándolo, buscando ese gol que devolviera el ánimo y la confianza tras tres partidos (Santa Eulalia, Unif.Prat y Levante) en el dique seco. Con esa intención, Marc volvería a avisar con un disparo al poste en el minuto 79 tras un libre directo. El cántaro tenía que romperse, estaba ya harto de ir a la fuente. Era cuestión de tiempo, aunque éste fuera menguando cada vez más.
Al final, el cántaro se rompió. Sería Albert quién, en el minuto 82, recortara distancias y comenzara a mostrar un poco de luz en medio de tanta oscuridad. Recepción por banda izquierda, recorte y gol bajo las piernas del guardameta visitante. La llama de la esperanza comenzaba a brotar. Tanto, que la llama paso de almenara a almenara cuando cuatro minutos más tarde, Marc mete un pase interior hacia el lateral izquierdo del área para Albert, que supera al portero en su salida y su disparo corto queda botando para que Carrillo reduzca a la mínima expresión el marcador y estableciera el 2-3. Tras 420 minutos sin marcar un gol, el Sanpa había marcado dos en cinco minutos. Un grito y una llamada a la epopeya heroica sanpera. Y, además, con Paco en el campo (había entrado en el minuto 80 por Sergi).
Y como toda leyenda necesita sus héroes, todos quisieron tener su papel y la gloria pareció quedar reservada para los protagonistas más inesperados. En el último minuto, tras un libre directo sacado espléndidamente por Ramon al área pequeña, aparece Óscar penetrando en las “líneas enemigas”, se eleva en suspensión, se adelanta al portero y cabecea de espaldas a la red para establecer el 3-3. Increíble. Una remontada espectacular.En el descuento, aún estuvo el Sanpa de darle la vuelta al marcador, en lo que hubiera sido una hazaña memorable digna de competición europea (la pasada semana, en la Europa League, el Brujas belga remontó un 3-0 en los 15 minutos finales ante el Maribor Branik esloveno y ganó 3-4). Dos
intervenciones decisivas del portero visitante a dos disparos de Marc sirvieron al conjunto barcelonés para retener un punto (el primero que obtiene a domicilio) cuando había tenido los tres en el bolsillo hasta los últimos minutos del partido. No encontraba explicación. De hecho, nadie podría encontrarla.
Con este resultado obtenido en unos diez minutos de locura, la UD San Pancracio rompe una calamitosa racha de cinco derrotas consecutivas y, curiosamente, se mantiene en la 13ª plaza con 13 puntos. Algo irrelevante, teniendo en cuenta que la mala suerte hay que vencerla con algo que tampoco se puede explicar.